sábado, 2 de mayo de 2026

Las precariedades de la infancia

¿Qué despunta debajo del mapa de la realidad? 
Al palpar las piedras de la ciudadelas del Cusco, palpitaron los ríos profundos en mi alma.

En mi cuaderno, copio el fragmento con el que José María Arguedas cierra la carta que le dirigió a su hermana Nelly Arguedas el viernes 3 de octubre de 1969. Se suicidaría el 28 de noviembre. Viernes, también.

Mi infancia. 
La infancia de un huérfano.

Escritura mecanografiada -pero en alguna ocasión debe haberle dicho con estas o con palabras similares-: "Yo los quiero mucho y tu casita ha sido y es un sitio donde mi cuerpo y mi alma descansan como un pedazo de cielo". 

Las palabras escritas son como piedras y debajo la sangre fluye.
Era un niño perdido en la capital y fui hallado por mi hermana-madre.

Es viernes primero de mayo y avanzo por la avenida Antúnez de Mayolo en dirección a esa casita en Los Olivos. El panorama de los cerros de Independencia cubiertos de casitas y escaleras. Una iglesia en la cima. Algunas veces de la mano de mi madre y mis hermanos,...

No es que no se lo haya dicho, sino que necesitaba que quedara por escrito. 
Mi padre fue un juez de la primera instancia en la provincia de Puquio. 

Palpo las palabras con el alma. 
Su voz como la luz desgarra las piedras.

...

El jirón José María Arguedas es una calle como cualquiera. 
La casa es una casa cualquiera.
Su firma era manuscrita.


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