lunes, 11 de mayo de 2026

Künstlerroman o el coleccionista de pelotas

Es como una de aquellas máquinas cargadas de deseos. 

De lejos una campana que no es la de la iglesia repica, se paralizan los juegos y las madres llaman a sus niños. Yo salgo de mi escondite y me paro al borde mientras pasa. Casi siempre alguna pelota queda del otro lado de los rieles. El cencerro de esta bestia rueda sobre la hierba menuda de los jardines o rebota en las paredes de ladrillo carentes de argamasa. Recuerdo la vez en que uno de esos niños me invitó a almorzar a su casa y metí los dedos en el tomacorriente. Arrojaron mi cuerpo fuera, más allá de la reja que parece las barbas de una ballena. 

Es desde que lo derribó una de aquellas máquinas cargadas de deseos. 

Pronto me habría ahogado en la nada de mi insensibilidad, si no hubiera sido por el cencerro que venía hacia el puerto cargado de metales, ambicionados por las casas de ladrillo detrás de las rejas. Abrí los ojos y vi que el cielo tenía la forma del vientre de un gran cetáceo. A pesar de vivir a la intemperie, las bestias del campo raras veces se atreven a alzar la mirada. Se quedarían rígidas ante tal espectáculo. En mi agonía traté de nombrar todas las cosas del mundo y, en un anhelo de aire, fui devuelto a la materia oscura que reposaba sobre la hierba que crece alta, libre, pero había perdido para siempre mi nombre y mi voz dentro del inmenso estómago del pez. 



sábado, 2 de mayo de 2026

Las precariedades de la infancia

¿Qué despunta debajo del mapa de la realidad? 
Al palpar las piedras de la ciudadelas del Cusco, palpitaron los ríos profundos en mi alma.

En mi cuaderno, copio el fragmento con el que José María Arguedas cierra la carta que le dirigió a su hermana Nelly Arguedas el viernes 3 de octubre de 1969. Se suicidaría el 28 de noviembre. Viernes, también.

Mi infancia. 
La infancia de un huérfano.

Escritura mecanografiada -pero en alguna ocasión debe haberle dicho con estas o con palabras similares-: "Yo los quiero mucho y tu casita ha sido y es un sitio donde mi cuerpo y mi alma descansan como un pedazo de cielo". 

Las palabras escritas son como piedras y debajo la sangre fluye.
Era un niño perdido en la capital y fui hallado por mi hermana-madre.

Es viernes primero de mayo y avanzo por la avenida Antúnez de Mayolo en dirección a esa casita en Los Olivos. El panorama de los cerros de Independencia cubiertos de casitas y escaleras. Una iglesia en la cima. Algunas veces de la mano de mi madre y mis hermanos,...

No es que no se lo haya dicho, sino que necesitaba que quedara por escrito. 
Mi padre fue un juez de la primera instancia en la provincia de Puquio. 

Palpo las palabras con el alma. 
Su voz como la luz desgarra las piedras.

...

El jirón José María Arguedas es una calle como cualquiera. 
La casa es una casa cualquiera.
Su firma era manuscrita.


domingo, 26 de abril de 2026

La mariposa

Principiaba el alba cuando Z. salió en dirección al colegio. Se distrajo persiguiendo a una mariposa blanca. Desprendida de pronto de la sonrisa de una niña. La llevaría entre sus manos; se las mostraría a sus compañeros... Esta se reveló extrañamente inaprensible.

Ojalá tuviera una cola. Ojalá dejara alguna huella. 

Con cada pirueta, la acera conocida y los vecinos familiares se tornaron en rostros desconocidos y esquinas extrañas. Pero incluso en el cenit persistió tras la fantasmal figura. Parecía ella haberlo atrapado con sus manos invisibles...

 Ojalá tuviera una cola. Ojalá dejara alguna huella. 

Es el crepúsculo... y aún clama la madre en las sordas plazas de los mercados, en las avenidas trashumantes e indiferentes, y en las iglesias de inconmovibles pórticos.

lunes, 20 de agosto de 2018

Beatus ille

Los niños jugaban con estos objetos. ¿Dónde están?

domingo, 3 de octubre de 2010

Sobre la acción y la imagen


La imagen -y la importancia que tiene en la constitución de la identidad y la subjetividad- depende de la identificación simbólica que retroactivamente la establece. El yo ideal es la imagen con la cual se identifica el sujeto y parece constituir una unidad sólida a la manera de un plano extenso, sin arrugas; pero tal vez la vanguardia y en particular el escultor ruso Ossip Zadkine nos permitan concebir una imagen con repliegues y vacíos, conjunto no armonioso y de múltiples dimensiones incrustadas indiferentemente -se diría por la acción de la fuerza bruta- cuya vitalidad es debida a la tensión. Es el movimiento el que no permite concebir la conciencia del vacío estático y fijo; y la constitución disonante de la imagen permite la cubista realidad. Si el sujeto se relaciona con la realidad es porque esta se refleja en su ser deformante que otorga una nueva forma disonante y vacía, múltiple y no armoniosa.

sábado, 18 de julio de 2009

Una alegoría

La palabra es una canoa a la deriva. El signo, el sobreviviente de un naufragio: todo acto comunicativo es naufragio. La comunicación es catástrofe, aunque positiva, porque implica un sobreviviente: el significante. Sin embargo, la incertidumbre de la costa a la que arriba el significante es incierta: se parte desde tierra, un puerto, un lugar seguro, de pronto sobreviene el desastre, una tormenta, en el espacio marino, y, finalmente, el sobreviviente llega a una costa, desconocido lugar. Las palabras, el signo presenta la potencia exhausta del significar, pero la impotencia de no significar lo mismo, la ruta, el destino planteado en la partida. Y sin embargo nos entendemos: quizá porque el sobreviviente que partió llevaba aún consigo algo de barro en sus zapatos. De esta manera, el signo se nos presenta como un Jonás, cargado de un mensaje que no es el suyo. Este profeta causa el naufragio involuntariamente en el espacio (entre dos costa) en donde pierde todas sus vestidos menos las sandalias. Jonás es un hombre y como está hecho del lodo tiene peso, lo que implica que puede ser tragado (¿que se pierda algo?, ¿algo se pierde?), que no se transmita, que se altere, que se mutile: el signo es y no es de costa a costa. El signo, en el libro de Jonás, es abrigado en el estómago de una ballena lo que impide que el mensaje se sedimente en el fondo, pues el mensaje es divino, los hebreos creían que se transmitían sin pérdida sus riquezas de una costa a otra, pero el signo no-bíblico es diferente: padece de un naufragio en el que pierde vestido y joyas, y solo le queda la piel de barro. Al llegar, el maltrecho sobreviviente es llevado a "juicio", se le escucha y se le absuelve; entonces, se trata de una "costa" en la que el signo se enriquece. En esta nueva tierra, se re-produce embarrándose de nuevo la suela con el "barro"... Hasta que le toque la hora de partir de nuevo, a este heraldo, la palabra.

La Humanidad es una Osamenta

El título de este blog exige un explicación. No se trata de una burla a todos aquellos individuos compuestos materialmente más de hueso que de pellejo. En realidad, como el poema de Allen Ginsberg, este blog pretende ser un espacio en el que la palabra se exprese material e íntimamente encuadrada en el formato limitada por este género virtual de la entra del blog. La intención es la de que sus ocasionales visitantes acompañen esta macabra danza. Se debe tener en cuenta que la blogósfera mantiene entre sus integrantes interrelaciones al modo de un estructura. En ese sentido, el título, también, pretende humanizar la red por medio de la irrupción del báquico coro de danzantes hueseriles, a viva voz y en diálogo. Por ello, el que escribe es un esqueleto más y no esta libre de equivocarse/quebrarse: se pide a los visitantes esqueletos la comprensión por algún error, que si lo hubiera debe considerarse como un accidente no intencional.
Aclarado estos puntos: ¡Que se inicie el baile!